Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Dignidad

Cinismos

El cinismo es una estocada sin sangre, lanzada de refilón y con bastante mala leche. Una finta tan diestra como traicionera, tan sofisticada como mezquina. Raudal brioso pero turbio, arrogancia brillante pero cruel, suficiencia a veces justificada pero casi siempre injusta. El cinismo no puede merecer elogios: su cometido es hacer daño, pellizcar donde duele, pinchar donde escuece. No pretende hacer de la vida un lugar mejor, y a menudo, en cambio, la descompone. Pero nada de eso lo condenaría definitivamente ―a fin de cuentas, la vida es colisión y lucha, y las relaciones están hechas tanto de saña como de afecto― si no fuera porque se basa en la humillación, porque falta al respeto y corroe la dignidad.  No hay en su aparato la menor grandeza. Es ladino, miserable, traicionero. Aparenta valor por su descaro, pero a menudo la desvergüenza le sirve de coartada para nadar y guardar la ropa. Puede sugerir finura solo porque es avieso y ataca sin ruido, como las serpientes, pero su es...

Elida y Nora

Son las protagonistas de dos rutilantes obras de Henrik Ibsen: La dama del mar y la célebre Casa de muñecas , que el azar me ha ofrecido juntas en un mismo volumen y he podido leer de un tirón. Salvando las distancias circunstanciales, las dos historias guardan un intenso paralelismo. Ambas cuentan el proceso de mujeres que se descubren y se rehacen a sí mismas.  Inmersas como están en un contexto de supremacismo masculino, su virtud consiste en ser capaces de rescatar la propia identidad, su autonomía como personas, y hacerla valer a pesar de las consecuencias. Las admiramos como modelo para la emancipación femenina, pero, como todos los hechos justos, también nos inspiran la reafirmación de cualquier ser humano que sufra una circunstancia de opresión.  Elida y Nora parten de una situación de sometimiento que al principio, como suele suceder, les pasa desapercibido a ellas mismas: al fin y al cabo, forma parte de su cultura y de su contexto social. Pero en medio de esa est...

Objeciones a Antígona

En el punto álgido de la obra de Jean Anouilh, Creonte y Antígona discuten sobre la felicidad. Creonte defiende que aspirar a ser feliz es admitir la pequeñez humana, es renunciar a la tragedia a favor del drama, al heroísmo a favor de la rendición. Solo puede ser feliz quien sucumbe, quien acepta que la vida sea incompleta y que nosotros en ella juguemos papeles patéticos.  Antígona prefiere mantenerse en pie, y de ahí su tragedia, si bien desproporcionada por los dos extremos: como castigo y como obcecación. ¿Valía ésta someterse a aquél? ¿No era preferible un coraje ileso para defender mejores causas? ¿Acaso vivir no es, en definitiva, transigir con tantas leyes que no hemos elegido? ¿No hay mayor dignidad en seguir presente, afirmando la vida frente a quienes la vulneran? Algo así proponía Camus: el hombre absurdo se parece a un héroe cuando afirma sin reticencia la maldición divina.  Pero quizá tampoco se pueda soportar una visión permanente del absurdo. Tal vez haya que...

Amor y coraje

En el meollo de todas las virtudes están el amor y el coraje. Si hubiera que resumir al máximo los fundamentos que deben regir una ética, no se me ocurren otros más esenciales. El amor es la fuerza que lo impulsa todo. Spinoza hablaba más bien del conatus , del anhelo de potencia que empuja a todos los seres en su designio de medrar. Sin duda, tenía razón, pero olvidó tener en cuenta que los humanos somos sociales en nuestra más profunda esencia: no existe el individuo puro, el Robinsón exento de lazos e interdependencias. Eso nos convierte, inevitablemente, en seres de la lucha, como señaló Simmel, pero también del amor. Dicho con otras palabras: el conatus , una vez satisfechas la supervivencia y una seguridad básica (nos lo mostró Maslow), está compuesto esencialmente de amor, y ese principio motivador es el que rige nuestras relaciones cotidianas.  El amor es lo que nos saca de nosotros mismos, de ese egocentrismo narcisista primario, y nos vuelca en la convivencia con los de...

Dilemas de la ayuda

¿Hay que ayudar siempre al que lo necesita? Por supuesto, y más cuando se le ama. Pero no de cualquier manera: la ayuda es un poder, y por tanto tiene sus peligros, sus contraindicaciones, sus efectos secundarios. Hay ayudas que hacen daño, al que las recibe o al que las ofrece. Hay ayudas que guardan espinas bajo sus pétalos de dulzura. Hay peticiones de socorro, también, que tienen trampa, que solo buscan espectadores, cómplices o víctimas. Y hay personas que van por el mundo buscando a quien ayudar para sentirse fuertes sin correr los riesgos del amor.  No creo que se pueda ayudar honestamente sin algo de pudor: en todo auxilio flota siempre un aire de paternalismo. La interacción deja de ser simétrica para relegar a uno al lugar de necesitado y a otro al de superior. Hay quien anda supuestamente sobrado de sabiduría, o de riqueza, o de capacidad, y tiene tanto excedente que se dedica a repartirlo entre los otros, generoso y compasivo él. Estaba de moda, entre las señoras de b...

Abuelos

Los flecos del capitalismo se desangran por sus arrabales, en esas tierras de nadie donde la ley del dinero arroja las sobras, los individuos que no le sirven para nada y más bien le resultan un estorbo: los pobres (porque no compran), los enfermos y los viejos (porque no producen). El capital simpatiza poco con los débiles y los improductivos: es una máquina implacable que tiene demasiada prisa por acaparar riqueza, por competir y dominar, para detenerse en el dolor y la vulnerabilidad; si les da algún amparo, es para que le molesten menos. Cedió hasta cierto punto, a regañadientes, mientras no tuvo más remedio que disfrazarse de ángel de la guarda y ofrecer la cara complaciente del estado del bienestar. Pero llegaron las crisis y las reacciones, empezó a sobrarle gente, nos sedujo con el hechizo consumista, y en su versión salvaje neoliberal decidió quitarse la careta y pasar a la ofensiva. Como toda mercancía devaluada, la mano de obra se abarató, los derechos resultaron demasia...

Resistir

«Resistiré» : la vieja canción del Dúo Dinámico ha sido rescatada en estos tiempos de angustia, y para algunos se ha convertido en un himno y una oración. Necesitamos símbolos que activen y canalicen nuestras fuerzas: en horas desesperadas, queda prohibido rendirse a la impotencia. Le preguntaban al presidente si podemos hablar de situación de guerra, y él tuvo la integridad (al menos, en esto sí) de confirmarlo. El presidente está intentando aprender, a marchas forzadas, a hacer de hombre de Estado, parecerse a ese líder colectivo que necesitamos; y a veces lo consigue, aunque le falte un poco más de genio y firmeza al timón. Por supuesto que estamos en guerra: la humanidad entera contra un enemigo común, el Independence Day frente al invasor que nos amenaza con el exterminio. Ya tenemos una considerable, amarga lista de bajas. Y en el frente batallan sin respiro esos héroes a los que cada día aplaudimos en los balcones a las ocho de la tarde, esos que se la juegan en primera lí...

La tarea del obstinado

Trabajar por lo que merece la pena es ahondar en nuestro propio valor; es adentrarnos en el camino que nos lleva a nosotros mismos; es ganar en dignidad y en sentido. Trabajar por lo que merece la pena es un acto de amor: a la vida, a la humanidad, a nuestros cercanos, a nosotros mismos. Al trabajar con pasión estamos conquistando mérito para el patrimonio común, ganando altura para todos, oponiéndonos a la mera facticidad, que tira de nosotros hacia el fondo. Al trabajar estamos afirmándonos como constructores, como creadores, como inventores, nos convertimos en presencia ― por más que efímera ― en la inmensidad ausente del universo frío. Nuestras creaciones sinceras prolongan nuestro ser más allá de nosotros. Se dirá que lo hacen hacia la nada, puesto que al final han de perderse. Pero es una nada que brilla, una nada que por un instante tuvo nuestro nombre. Como Sísifo, levantamos nuestra pesada piedra por la cuesta, aunque sepamos que al alcanzar la cima rodará ladera abajo. Mie...