Solemos considerar virtud a una cualidad buena, escasa y difícil. Las tres características vienen entrelazadas, y, hasta un cierto punto, cada una incluye a las otras. Lo bueno es escaso porque es difícil, ya lo decía Spinoza: «arduo, ciertamente, debe ser lo que tan raramente se encuentra». Y, aunque lo difícil no es necesariamente bueno, su carácter excepcional y el hecho de ser fruto del esfuerzo lo hacen merecedor, al menos, de una cierta admiración. Pero, ¿qué es lo bueno, en definitiva? Para Spinoza, es lo que aumenta nuestra perfección, entendida como potencia para que florezca nuestro ser: «llamamos bueno o malo a lo que ayuda o estorba, esto es, aumenta o disminuye, favorece o reprime nuestra potencia de obrar». Spinoza sostenía sin reticencias una autorreferencia elemental: consideraba que la ética tiene que edificarse partiendo de lo que conviene a cada cual; lo que afecta a los demás es importante, pero ambiguo e inestable: a veces surge la confluencia, otras el confl...
Apuntes filosóficos al vuelo de la vida