Los compañeros de trayecto, en un viaje dilatado, prodigan una chocante versión de la intimidad, lo que podríamos llamar una intimidad efímera. Un modo de intimidad que tiene sus propias reglas, sus glorias y sus defectos peculiares. ―Y si hemos dormido una noche bajo la misma manta, cambiando los calores, es que ya somos amigos, ¿no le parece? El viajero piensa que sí, pero no responde. ―Porque, ¿usted sabe de fijo cuándo nos vamos a separar? ―No. Camilo José Cela: Viaje a la Alcarria Suelen consistir en relaciones obligadamente acotadas en el tiempo, pero que ganan a veces una considerable intensidad momentánea y dispensan un generoso alimento a la imaginación. Meten en nuestras vidas compañeros de excepción, y ese carácter excepcional es el que les confiere el encanto de lo inesperado y la melancolía de lo fugaz. Difícilmente se prolongarán en el tiempo, precisamente porque surgen muy ceñidas a un contexto determinado: unas horas de avión o de tren ― hoy ya difícilmente ...
Apuntes filosóficos al vuelo de la vida