Al preguntar la opinión contamos con su fundamento en una reflexión previa. Partimos, así, del supuesto de que las razones preceden a las conclusiones. ¿Y si, al menos a menudo, al menos en parte, fuese al revés? ¿Y si nuestras posturas fuesen meras tentativas, que luego procuramos justificar? ¿Usted qué opina? ¿Será ese un buen remedio para el problema que nos abruma? ¿Hay que molestarse ante la ofensa recibida? ¿Corresponde aguantar, o más bien nos conviene renegar de lo que nos está dañando? Un sinfín de pequeñas decisiones cotidianas, algún que otro dilema existencial, nos pone contra las cuerdas. Aun con escasa información, urge decidir: yo creo que… En realidad, muchas veces nos falta una respuesta definida, no disponemos de una opinión del todo formada. Estamos acostumbrados a movernos por entre nebulosas de incertidumbre, meras intuiciones que nos hemos acostumbrado a no analizar con demasiado detenimiento. Cuando se nos pone en el brete de rescatarlas de la indefin...
Apuntes filosóficos al vuelo de la vida