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Mostrando las entradas etiquetadas como Nacionalismo

Amor por las palabras

Dicen los pragmáticos que los idiomas son solo instrumentos para comunicarse, y que, mientras cumplan esa función, lo mismo da uno que otro. Dicen los pragmáticos que las palabras no son más que envoltorios de ideas, recipientes que se intercambian en el comercio del mensaje. Que eso es lo que importa, luego es igual hacerlo con unas que con otras. Yo creo que se equivocan. No por aquella doctrina romántica, tan tendenciosa, tan amenazante, que pretendía ponerle espíritu a las culturas, y aseguraba que cada lengua lleva impregnada una visión única del mundo. No por esa idolatría de los nacionalistas, que usan el verbo como enseña diferencial y arma arrojadiza para imponer su privilegio. Eso son exclusivismos injustificados, que sirven para clasificar, para segregar, para forzar…  No: yo creo que se equivocan, simplemente, porque ningún producto humano puede ser limitado a su función. Cada invento, cada artilugio, cada ocupación, van más allá de sí mismos y remiten a un universo d...

Nacionalismo y tribu

¿Qué es lo que hace que una persona ética, amable, sensible e inteligente se precipite en la irracionalidad primitiva y violenta del nacionalismo? Es una pregunta que sigo repitiéndome asombrado, al contemplar la disparatada ofuscación de muchos de mis paisanos, y no se me ocurre más explicación que el instinto tribal. Elevada a fanatismo, la tribu empuja a numerosas infamias colectivas (también alguna cosa buena, aunque ahora no se me ocurre), aquí solo me detendré en esta. A lo largo de más del 90 % de nuestra historia hemos sido seres tribales, así que se entiende que en el fondo apenas hayamos dejado de serlo, que sigamos llevándolo en las venas como una tendencia profunda y poderosa. Nuestro sustrato primate tiene siempre las de ganar frente a la delgada capa impresa en el cerebro por la civilización; entre ambas, con una fuerza intermedia, estaría la tribu. La tribu establece el territorio, la distinción y la exclusividad. Parece resultar vital diferenciar entre nosotros y los...

Tristeza

Uno siente la vida más difícil y más triste al asistir a esta demolición de la convivencia y la sensatez que ha desatado la soberbia nacionalista en mi país, obligándonos a vivir en una tensión sin tregua, a tambalearnos como quien da torpes pasos al borde de precipicios insondables, abrumado de temor y temblor. Con tajante escoplo y brutal maza han arremetido contra los muros de la patria mía, ciegos de no sé qué delirio que urdieron a fuerza de rencores y avaricias. Han quebrado sin piedad todos los diques de la cordura, y por las aguas cargadas de ruido y furia de su río revuelto bajan pedazos de tejados de lo que fueron casas donde se podía habitar, anaqueles desvencijados donde se guardaban fotos de familia, sueños y esperanzas compartidos, y retorcidos harapos de lo que un día fueron hermosos lienzos de esperanza. Lo han demolido todo sin miramiento, eso que era tuyo y mío y que se apropiaron con nocturnidad y alevosía, obcecados en convertirlo en ruinas antes que devolvérno...

"No nos toquéis... la educación"

Ese chusco juego de palabras, que combina el guiño y el clamor a la indignación, es el lema que ha elegido el secesionismo, a través de unos sindicatos abducidos por el entramado nacionalista cuando no directamente vinculados a él, para movilizar al poderoso lobby de la enseñanza. Una reacción de indignación exagerada e hipócrita, en respuesta a declaraciones que algunos políticos, de muy poco tacto y menos luces, han ido haciendo últimamente sobre lo que ellos han llamado burdamente “el adoctrinamiento” en las escuelas catalanas en contra de España y lo español (lo que pueda haber de verdad tras esa afirmación, que lo hay pero demasiado sutil para resolverlo con una expresión tan simplona como “adoctrinamiento”, no es objeto de este escrito). “No nos toquéis…”, además de parafrasear una exclamación de indignada hartura, pero en chocarrero, evoca esa constelación emocional de rechazos, ascos y prevenciones que precisamente se quiere despertar, algo así como un “No pongáis vuestras suc...

Abducidos

Hay vida más allá del órdago secesionista, y algún día, esperemos que no muy lejano, podremos dejar de pensar a todas horas en el tema, podremos superar esta conmoción por lo sucedido y esta ansiedad por lo que puede suceder. Tal vez un día, esperemos que próximo, la política deje de ser una tensión y una coacción, y volvamos a preocuparnos por lo realmente preocupante, que son el trabajo y la educación y la pobreza de dos tercios del mundo y el imperio del capital y la devastación de la naturaleza, y tantas cosas que estamos descuidando aplastadas bajo los escombros de esta febril demolición. Quizá, también, podamos regresar a la construcción de la vida personal, a nuestras viejas inquietudes existenciales y nuestras aspiraciones a la vida buena y pacífica que buscaban Epicuro, Séneca, Montaigne o Spinoza, al amor al conocimiento que animaba la pasión de Tales, Aristóteles, Leonardo, Hume, Newton o Marx, al esfuerzo por concebir una ética coherente y fundamentada al que dedicaron s...

Bajo el rodillo de las barras y la estrella

En estos días aciagos, el nacionalismo catalán se ha apropiado de lo público hasta tal punto que lo ocupa todo, y no deja ni un resquicio para respirar. Bajo su escandalera permanente no se puede pensar en otra cosa, estamos enganchados a su función, con el corazón en un puño, como quien es incapaz de escapar de un sonsonete obsesivo que le inunda la cabeza. No podemos hacer nada más, pendientes de cuál será el siguiente despropósito con el que seguirán enredándonos y conduciéndonos a la debacle. Se sigue demostrando así que el nacionalismo, ahora con su antifaz de justiciero independentista, no es, como pretende, un movimiento de liberación, ni siquiera para sus acólitos, sino una miserable operación de conquista: la invasión, arbitraria y forzada, de la vida de todo un país, la detención de su pulso, la absorción de sus fuerzas, la abducción de sus pensamientos. Es cierto que tal desaguisado ha sucedido, en buena parte, por no haberle prestado, quien debió hacerlo, la adecuada a...

Este nacionalismo

Este nacionalismo tontiastuto e implacable que han pergeñado las élites catalanas conquista triunfante cada detalle de la vida cotidiana, se infiltra en cada pequeña asociación, hipnotiza las conciencias que no se esfuerzan por mantener el propio criterio y la sensatez. Tiene de su parte la fuerza de la tribu, que es atávica y poderosa, con su amor ferviente a lo propio y su miedo sordo a la exclusión; la pasión de la épica, que ha construido meticulosamente con sus mitos, y aplasta la razón bajo el sentimentalismo; la promesa de lo nuevo, que frente al hastío de lo conocido parece un territorio luminoso e inabarcable, una oportunidad para trascender cualquier límite, bajo la divisa que enunció el poeta ― el gran poeta orgánico del nacionalismo catalán ― Miquel Martí i Pol: “Todo está por hacer y todo es posible”. Lo que ha venido tras él y lo que sucedía ya entonces aclara a qué se refería el ínclito escritor. El sueño independentista perfila una Arcadia de abundancia, justicia y ...