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Mostrando las entradas etiquetadas como Pereza

Los cuatro enemigos

No sé dónde leí una vez que, según la terminología tibetana, hay cuatro enemigos principales: la pereza, el apego, la rabia y el perjuicio de sí. Se entremezclan y unos son consecuencia de los otros. ¿Se pueden simplificar de este modo las causas de los sufrimientos humanos? ¿Se puede reducir el conjunto de la experiencia de una vida, tan compleja, tan poliédrica, a unos pocos principios? Desde los griegos hemos soñado con un manual de instrucciones para la buena vida, una receta cuanto más simple mejor; y esa tendencia se ha hecho más acusada en nuestra época de prisas, eslóganes inmediatos y creciente esquematismo mental. Sin embargo, los budistas tibetanos llevan cientos de años esforzándose por sintetizar las orientaciones para el buen vivir, haciéndolas más manejables y facilitando su transmisión y su aprendizaje. Lo han hecho, es cierto, entremezclándolos con múltiples personajes míticos, rituales sofisticados y creencias atávicas. Eso lo hace más vistoso: es difícil contemp...

Pereza rebelde

La moral tradicional condena la pereza porque es un lastre, un impedimento para la construcción del proyecto humano. Los moralistas, defiendan la trascendencia o la productividad, nos quieren siempre laboriosos y atareados. Está bien: hay que trabajar. Pero también hay que mantener una cierta conspiración contra el trabajo, siquiera sea para que no se apropie (y no lo usen otros para apropiarse) de nuestra vida. Y en esa reticencia clandestina, en ese epicúreo reclamo de la existencia como disfrute, la pereza nos secunda como una afable cómplice. La pereza tiene su propia sabiduría. Es la gran economizadora, y nos ayudará a administrar bien las cuentas de nuestras energías, siempre que no se vuelva avara. Una vez más nos encontramos con ese camino medio que aconsejaba Aristóteles: todo en su justo equilibrio es un don, pero llevado al extremo se convierte en vicio y nos trae más problemas que soluciones. La pereza moderada, tomada con cautela e inteligencia, nos enseña a no dilapidar...

Diligente pereza

La vida pasa por sí misma; las necesidades y los requerimientos la empujan y la van desplegando: en este sentido, la vida simplemente sucede. Su objetivo es desplegar sus leyes fundamentales, y un buen día nos encontramos con que el tiempo ya las ha cumplido todas. En cierto modo, la vida no nos necesita para acontecer: no le hace falta nuestra atención, ni nuestra complicidad, ni nuestra voluntad. De pronto descubrimos que nos hemos hecho viejos, y nos preguntamos, atónitos, dónde estábamos mientras pasaba nuestra existencia. Del mismo modo que la gravedad tira de nosotros hacia abajo, la vida nos arrastra hacia delante, nos gasta y nos consume. Ese peso del existir es lo que Sartre llamó facticidad. Nos parece que se opone a nuestro proyecto porque notamos su tirón cada vez que queremos hacer algo propio, y no podemos hacer nada si no es contra el freno de su viscosidad. Pero lo cierto es que la facticidad no es una resistencia, sino el curso natural de las cosas. Es el proyecto hu...

Sin prisa y sin pausa

La vida pasa por sí misma; las necesidades y los requerimientos la empujan y la van desplegando: en este sentido, la vida simplemente sucede. Su objetivo es realizar sus leyes básicas, y un buen día nos encontramos con que el tiempo la ha cumplido. En cierto modo, la vida no nos necesita para acontecer: no le hace falta nuestra atención, ni nuestra complicidad, ni nuestra voluntad. De pronto descubrimos que nos hemos hecho viejos, y nos preguntamos, atónitos, dónde estábamos mientras pasaba nuestra existencia. Como la gravedad tira de nosotros hacia abajo, la vida nos arrastra hacia delante, nos gasta y nos consume. Ese peso del existir es lo que Sartre llamó facticidad. Nos parece que se opone a nuestro proyecto porque notamos su tirón cada vez que queremos hacer algo propio, y no podemos hacer nada si no es contra el freno de su viscosidad. Pero lo cierto es que la facticidad no es una resistencia, sino el curso natural de las cosas. Es el proyecto humano el que se construye rebel...