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Mostrando las entradas etiquetadas como Contemplación

Observar y estar

Hacemos demasiado, hablamos demasiado. Con tanto ruido espantamos a la lucidez, que es ante todo silencio. Un silencio expectante, cargado de presencia. Un silencio abierto al rumor de los oleajes de la existencia, rompiendo en nuestras orillas. «Si las ejecutamos conscientemente, todas nuestras acciones son poesías o cuadros», dice Thich Nhat Hanh. La vida pasa ante nuestros ojos y no la vemos porque estamos buscándola. Pedir nos condena a la carencia: el que tiene no pide. No hay más mundo que el que se extiende justamente aquí, delante de tus ojos. Como nos recuerda Marco Aurelio: «Recuerda que sólo se vive el presente, este instante fugaz... Pequeño es el rincón donde se vive.»  Estamos ansiosos por saber, pero quien sabe observar tal vez no precise pensar tanto. Los orientales lo aseveran desde tiempos inmemoriales, y han hecho de ello una propuesta de vida y una divisa de redención: toda la sabiduría necesaria se resume en permanecer atento. Descender de las calimas de la me...

Labriegos de la idea

La reflexión es el taller del pensamiento, minucioso y metódico, manufactura de la lógica diseñándole al mundo mecanismos. El pensamiento inventa órdenes al caos, y sonríe viendo girar los engranajes. No en vano somos exploradores de sentido, es decir, artífices de congruencia. Organizarlo en una articulación armónica, en las tramas musicales de una gestalt , nos hace sentirnos más seguros: no podríamos soportar un universo nebular de pura incertidumbre, en el cual no vislumbráramos un cierto grado de previsibilidad. Es cierto que nuestro intento siempre resultará provisional: las ideas, de apariencia tan pulcra, esconden una esencia tornadiza. El mundo siempre se reserva un as inesperado en la manga. Preferiríamos que las cosas se ciñeran al concepto que tenemos de ellas, porque eso las haría más simples. Sin embargo, los fenómenos se deshilachan por los flecos, la realidad se burla de la mejor teoría, y nos recuerda que el estado natural del conocimiento es la perplejidad. No existe...

¿De dónde salen mis opiniones?

Nuestras opiniones, en el fondo, son menos consistentes de lo que nos gustaría admitir. Creemos tener ideas muy definidas, a veces definitivas, sobre las cosas que más nos importan. Y, sin embargo, ninguna idea, o principio, o actitud, son puramente nuestros: todos ellos se han modelado a partir de lo que nos ha transmitido nuestro entorno y hemos ido puliendo con nuestras vivencias, siempre sociales y por tanto condicionadas por el contexto cultural. Una persona es lo que hace con lo que hicieron de él, reza la famosa sentencia de Sartre: eso también concierne a sus principios y sus actitudes, incluso a sus pensamientos más íntimos —¡o sobre todo a ellos!—.  Si me detengo a ver de dónde han salido mis convicciones, compruebo que la mayor parte de ellas son resultado de conclusiones más o menos globales, intuitivas, a menudo precipitadas y poco contrastadas: lo que los psicólogos llaman heurísticos . La prueba está en que, en general, no sabría argumentarlas mucho más allá de uno...

Vivir aquí

Hay que vivir aquí. No hay otro sitio. Es uno de los tópicos que más se repiten: “Aquí y ahora, es lo único real…”. No obstante, debo insistir. Porque tengo tendencia a olvidarlo, o quizá no acabo de creerlo. Porque estoy hecho para añorar lo perdido y para esperar un porvenir mejor. Así me han educado, también: lo que fui (y se me alaba, o se me reprocha, o se me recuerda como si solo entonces hubiese sido yo mismo); lo que seré (porque solo el futuro puede restituir mis carencias y cumplir mis proyectos). Una y otra vez vuelvo a pensar así. Ausentarse tiene muchas ventajas, y yo las aprovecho. La nostalgia me permite adornar el pasado y mantener la creencia en que hubo un paraíso, aunque lo perdiera. O bien, atormentarme con viejos errores o antiguos agravios me distrae de la única tarea verdadera, lo único que realmente cuesta y me desafía, que es el presente. El pasado me atrapa, pero porque yo quiero ser atrapado: porque si soy libre tengo que elegir, tengo que hacerme respons...

Pensar para vivir

Cuando Camus planteaba, en El mito de Sísifo , que el único tema filosófico realmente importante era si la vida merecía la pena de ser vivida, estaba reivindicando que el quehacer filosófico, la tarea intelectual, debían centrarse en responder a la angustia y, si es posible, delinear el sentido. Lo mismo había propuesto Epicuro más de dos mil años antes, con el mérito añadido de convertir a la filosofía, más allá de un conjunto de disquisiciones, en una forma de vida y para la vida, un quehacer cotidiano compartido en comunidad. Sin llegar tan lejos, lo que yo me propongo al pensar sobre la vida es pensar para vivir, usar el pensamiento a modo de brújula o mapa. El mapa, como dicen los místicos, no es el territorio, pero nos ayuda a transitar por él, si es certero. Trazar un mapa es interpretar la realidad, que se nos presenta como una amalgama en bruto, y traducirla en representación. No tiene nada de particular: lo hacemos siempre, no podemos no hacerlo. Nuestra percepción es una...

El silencio

Hablar sobre el silencio ya es romperlo. Pensar sobre el silencio es vulnerarlo. Y, sin embargo, sentir no es suficiente: pensar y hablar es nuestro modo de apropiarnos de las cosas, de compartirlas, de recrearlas. Atrevámonos, pues, a traicionar al silencio por un rato. Somos seres gregarios y ruidosos. Nuestra reunión consiste siempre en una algarabía. ¿Por qué no? También las cataratas y los truenos son belleza resonante. Y las estrellas mueren con un ruido mudo que sería mortal si no las envolviera el vacío. Pero a veces el ruido nos embota. El ruido omnipresente de las palabras, de las máquinas, de las emociones, del formidable teatro de nuestra vida en común, llega a colmar nuestro espacio. Demasiada exigencia, demasiado trasiego que nos ofusca. Entonces, alejarnos de esa nube zumbadora y recogernos en una isla puede reavivar nuestro ánimo aturdido. La penumbra de una tarde otoñal, aún no rasgada por el frío; el paseo invernal por una playa poco concurrida, latiendo con la...