Lo cotidiano marca la pauta de nuestra vida; lo excepcional zarandea su compás. Lo extravagante evita que el cálido hogar de la monotonía se convierta en prisión y acabe por asfixiarnos. Hay que saludar a la excepción: como contrapeso, como alivio, pero también como adorno del hábito y oportunidad de cambio. Lo excepcional abre una puerta por donde entra el aire fresco de lo distinto, y quizá de ahí germine algo nuevo. En realidad, basta con que lo parezca, con que el juego nos conceda un respiro de la rigidez de la costumbre. Tal vez, como decía Gil de Biedma, tengan razón los días laborables, pero para ello necesitan de la sinrazón festiva. Todas las culturas regulan ocasiones para la excepción, atribuyéndole el carácter numinoso del rito. Lo excepcional se impregna de sacralidad, es un tiempo propicio para que los dioses irrumpan en el mundo de los hombres. El sagrado descanso, la sagrada celebración colectiva, la honra a los muertos, la alegría de estar vivos. La magia desata...
Al preguntar la opinión contamos con su fundamento en una reflexión previa. Partimos, así, del supuesto de que las razones preceden a las conclusiones. ¿Y si, al menos a menudo, al menos en parte, fuese al revés? ¿Y si nuestras posturas fuesen meras tentativas, que luego procuramos justificar? ¿Usted qué opina? ¿Será ese un buen remedio para el problema que nos abruma? ¿Hay que molestarse ante la ofensa recibida? ¿Corresponde aguantar, o más bien nos conviene renegar de lo que nos está dañando? Un sinfín de pequeñas decisiones cotidianas, algún que otro dilema existencial, nos pone contra las cuerdas. Aun con escasa información, urge decidir: yo creo que… En realidad, muchas veces nos falta una respuesta definida, no disponemos de una opinión del todo formada. Estamos acostumbrados a movernos por entre nebulosas de incertidumbre, meras intuiciones que nos hemos acostumbrado a no analizar con demasiado detenimiento. Cuando se nos pone en el brete de rescatarlas de la indefin...