Un adecuado manejo de los tiempos en el ajuste de las relaciones (particularmente, en las íntimas, aunque las otras tampoco son tan distintas) constituye una de las sabidurías esenciales para una buena singladura de la convivencia. Hay quienes, por instinto, son verdaderos artistas de estas sutilezas, que implican aprovechar lo mejor de cada momento para allanar el camino y pulir sus baches y tropiezos. Otros, en cambio, tal vez por demasiado heridos, carecen de ese don de la oportunidad que es, en definitiva, un arte de la buena gestión del amor y del intercambio. Los encuentros gozosos despegan con fiestas, aventuras y fuegos de artificio; luego, con el paso y el peso de los días, el afecto va posándose en la realidad. Ese aterrizaje puede ser suave y armónico o consistir en un verdadero cataclismo. Los buenos pilotos son escasos y admirables. El tiempo es un firme aliado de la realidad, y la convivencia está hecha de tiempo. Tras las mieles del comienzo van irrumpiendo los mat...
Solemos considerar virtud a una cualidad buena, escasa y difícil. Las tres características vienen entrelazadas, y, hasta un cierto punto, cada una incluye a las otras. Lo bueno es escaso porque es difícil, ya lo decía Spinoza: «arduo, ciertamente, debe ser lo que tan raramente se encuentra». Y, aunque lo difícil no es necesariamente bueno, su carácter excepcional y el hecho de ser fruto del esfuerzo lo hacen merecedor, al menos, de una cierta admiración. Pero, ¿qué es lo bueno, en definitiva? Para Spinoza, es lo que aumenta nuestra perfección, entendida como potencia para que florezca nuestro ser: «llamamos bueno o malo a lo que ayuda o estorba, esto es, aumenta o disminuye, favorece o reprime nuestra potencia de obrar». Spinoza sostenía sin reticencias una autorreferencia elemental: consideraba que la ética tiene que edificarse partiendo de lo que conviene a cada cual; lo que afecta a los demás es importante, pero ambiguo e inestable: a veces surge la confluencia, otras el confl...