Un vehículo se lanza al centro de las Ramblas, atestadas como siempre de paseantes, y se lleva por delante a todos los que se cruza durante medio quilómetro. Únicamente paseaban, y se encontraron de frente con el odio. Muertos, heridos, pánico; tristeza, miedo e indignación para quienes sabemos de ello, acongojados, frente a la televisión. Una herida brutal para las víctimas, una brecha en el alma de la convivencia, una cruel demolición del cielo.
La vida hoy día se desintegra en un engrudo de complejidad. El mundo que nos ha tocado es intrincado de por sí, sobrecargado de estímulos y requerimientos, pero hemos interiorizado esa ansia de lo complejo y la hemos convertido en forma de vida mediante la hiperactividad. Tenemos que hacer muchas cosas, no podemos detenernos, hay que aprovechar cada instante so pena de empobrecer el propio ser ; porque en nuestro tiempo ser es ante todo hacer, cerciorarse de que no hay instante improductivo. Solo «vive» quien se entrega a una actividad frenética que llene todos los huecos (en una especie de horror vacui funcional) de una sustancia efímera y frágil, fácilmente desechable, para poder perseguir una nueva experiencia. Esto explica que la rebeldía, actualmente, se exprese como reivindicación de la inutilidad, como hace Nuccio Ordine en su obrita La utilidad de lo inútil. La dispersión de nuestra era viene vinculada a otros fenómenos, que teóricos como Z. Bauman han descrito con deta...

Unidos siempre
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