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Germinación del terror

Nos golpeó el terror y su herida nunca cerrará del todo; los que sucumbieron ya no volverán; la luz perdió para siempre parte de su brillo. Lo primero fue aguantar, oponerle nuestra dignidad, impedir que nos hiciera suyos. Pero después de la conmoción, recuperado hasta donde se pueda el dominio de nosotros mismos, habrá que dar un paso más y reflexionar. Porque volveremos a descuidarnos, volveremos a acostumbrarnos al entumecimiento de la rutina cotidiana, y, mientras tanto, en ella podrían estar gestándose silenciosamente otros terrores que un día nos estallarán de nuevo por sorpresa. El problema no se resuelve aplacando a los culpables: siempre puede haber más. Por eso, no podemos permitirnos el lujo del olvido. Hay que intentar comprender para prevenir, aprender para evitar, hasta donde nos sea posible, que algo así se repita. Hay que sondear lo tenebroso para vislumbrar sus artimañas, las añagazas con las que seduce y arrastra. Mientras rechazamos, mientras condenamos, mientras no...

Contra el terror

Un vehículo se lanza al centro de las Ramblas, atestadas como siempre de paseantes, y se lleva por delante a todos los que se cruza durante medio quilómetro. Únicamente paseaban, y se encontraron de frente con el odio. Muertos, heridos, pánico; tristeza, miedo e indignación para quienes sabemos de ello, acongojados, frente a la televisión. Una herida brutal para las víctimas, una brecha en el alma de la convivencia, una cruel demolición del cielo.  Nos han hecho perder mucho: que no se lo queden. Que no falte entereza para las ausencias, lucidez para no soltar el timón, valor para plantar cara sin dejar de ser nosotros. Hay que resistir. Neguémonos a que nos haga suyos el terror.

Te veo

En la película Avatar , los humanos hemos iniciado la colonización de un planeta extraterrestre habitado por una especie parecida a nosotros. Estos humanoides se encuentran en un estadio equivalente al de nuestros antepasados cazadores-recolectores, organizados en tribus, poseedores de un lenguaje y una cultura apegada a la naturaleza. La película desgrana de un modo apasionante, casi como un tratado de antropología, la forma de vida de estos seres, y nos obliga a vernos reflejados en su espejo, para encontrar en él cuánto de nosotros mismos nos ha enmascarado la modernidad. La película es una reflexión sobre esa despersonalización a la que nos ha abocado el sujeto moderno, y una invitación a rastrear en nuestro interior una autenticidad ancestral que tal vez permanezca más vigente de lo que creemos. Uno de los detalles que más me impresionaron es el saludo que estos seres se dirigen unos a otros. Simplemente se dicen: “Te veo”. Me parece un hallazgo moral extraordinario. En la senc...

De danzas y de pérdidas

Hoy me acordaba de aquella imagen oriental, tan acertada, de la vida como danza. Y, lo que es la memoria, al mismo tiempo recordaba lo patoso que he sido siempre a la hora de bailar. ― Lo pasaste mal con eso, ¿eh? —Pues sí. En mi juventud, las discotecas eran los lugares míticos de encuentro sexual, allí era donde se iba a ligar. Y si uno no ligaba, se marchaba con el sabor amargo de haber pasado el rato en balde. Daba igual si el acercamiento acababa o no en la cama (cosa que, en realidad, no solía suceder), y aun menos importancia tenía que de ahí saliera una relación a largo plazo. De hecho, tomarse demasiado a pecho lo que pasaba allí estaba visto más bien como una memez. La discoteca era el lugar de la desinhibición, la experimentación. Lo importante era que al menos hubiera un acercamiento, un coqueteo, alguna caricia o algún beso arrancados al vuelo… ― Pero tú hablabas de bailar … También se iba a bailar, ¿no? —Supongo que algunos iban a bailar, sí… ― ¿Algunos? ― Qui...

Convicciones y debilidades

Muchas historias nos muestran a personas con una vida más o menos estable, acomodadas en una cotidianidad previsible como un río calmo que va fluyendo sin demasiados sobresaltos por el tiempo, quebrado de pronto con la irrupción de un hecho inesperado que lo trastoca todo. En el nítido lienzo tranquilizador ha aparecido un desgarrón, en la límpida superficie se ha formado un remolino. Una pasión imprevisible, una pérdida atroz, una vieja herida que supura. El viaje, desde esa agitación, será ya inevitablemente distinto. Así es como la vida nos va llevando de etapa en etapa, nos obliga a cambiar de rumbo y nos recuerda la extrema fragilidad de nuestras certidumbres. Muchas veces se trata de un seísmo, un empujón inapelable, y en ese caso no tenemos mucho que hacer, más que sobrevivir e intentar reconstruirnos después de la riada. Sufrimos un accidente y nuestro cuerpo queda afectado, y entonces tendremos que aprender a vivir con ese cambio. Muere un ser querido, y, después de un tiem...

Prejuicios

¿Qué es malo? El prejuicio es malo. La convicción cerrada, conclusa, incuestionable, sobre todo cuando no va a favor de la persona, cuando quiere atravesarla en su afán de llegar al otro lado  ― a una supuesta trascendencia donde no hay nada, porque no hay nadie ― , eso es malo. Hay que prevenirse de las convicciones indemostrables, de las conclusiones precipitadas y de los principios estereotipados, tan artificiales como las superficies tersas, sin una sola mancha, sin una sola arruga, sin una sola grieta. Porque la verdad, si lo es, nunca está acabada, siempre deja entornada una puerta para la duda. La verdad, si lo es, no puede nunca ser definitiva, tiene que quedarle algo por hacer y por decir. Tiene que admitir que la cuestionemos; aún más: tiene que invitarnos a ello, empezando por no conformarse consigo misma. Es un axioma de la ciencia: no puede considerarse científico lo que no deja ningún agarradero para contradecirlo, para intentar probar su falsedad. ¿Cómo vamos a de...

A estudiar inglés

Me he propuesto aprender inglés. A mis años, y después de toda una vida de profesarle tan poca simpatía. Voy a hacerlo porque hace falta: me rindo. Lo necesito para la escuela, para mis investigaciones y ya para mi orgullo. No me gustaba: haré que me guste. Los gustos pueden ser también cuestión de voluntad. Le he perdido el miedo: las lenguas no son difíciles, puesto que en sus contextos las habla todo el mundo; las lenguas solo son extrañas: aprenderlas, por consiguiente, es solo una cuestión de familiaridad y práctica. También de actitud, y por eso he dejado de considerarlo algo ajeno y antipático; los idiomas, bien mirados, pueden ser como un juego: el juego de expresarse con sonidos insólitos y palabras asombrosas. Es divertido pensar que la gente puede comunicarse con lo que de entrada nos parece un galimatías. Estoy con aquel humorista que preguntaba: “Si quieren decir boca, ¿por qué dirán mouth ?” A uno boca le suena a boca, pero mouth recuerda a quejido de gato. Hay siempr...