Ir al contenido principal

Emociones


Es mejor abandonarse un poco a dolores y sufrimientos, y así con lágrimas rociarlos hasta que se fundan. Epicuro.

No podemos vivir sin que nuestros sentimientos nos orienten, pero no queremos vivir a merced de nuestros sentimientos. J. A. Marina.

La emoción es una forma organizada de la existencia humana. Sartre.

Cuando, colocados ante una situación nueva y difícil, no podemos hallar la conducta adaptada conveniente, se produce, afirma Wallon, un retroceso hacia el circuito nervioso primitivo. Sartre.

Una emoción es una transformación del mundo. Cuando los caminos trazados se hacen demasiado difíciles o cuando no vislumbramos caminos, ya no podemos permanecer en un mundo tan urgente y difícil. Todas las vías están cortadas y, sin embargo, hay que actuar. Tratamos entonces de cambiar el mundo, o sea, de vivirlo como si la relación entre las cosas y sus potencialidades no estuvieran regidas por unos procesos deterministas sino mágicamente... Se trata de una pequeña comedia... que puede servir de sustitutivo a la conducta que no puedo llevar a cabo... [Las emociones] vienen a constituir un mundo mágico, utilizando nuestro cuerpo como instrumento de conjuro. J-P. Sartre.

Hay en la ira, y sin duda en todas las emociones, un debilitamiento de las barreras que separan las capas profundas y superficiales del yo y que, normalmente, aseguran el control de los actos por la personalidad profunda, así como el dominio de sí mismo; un debilitamiento de las barreras entre lo real y lo irreal. P. Guillaume.

Las emociones se vuelven irracionales cuando se adueñan no sólo del corazón, sino de toda la mente humana. J. A. Marina.

Como decía Virginia Woolf, “a la gente le gusta sentir, sea lo que sea”. Nada teme más el ser humano que la anestesia afectiva. Prefiere con frecuencia el infierno al limbo. J. A. Marina.

Después de haber dejado hacer al natural su primera explosión, se puede volver a ser dueño de sí mismo recobrando poco a poco los sentidos... Es mi natural ardiente el que me agita, es mi natural indolente el que me apacigua. J. Rousseau.

Con los estados de ánimo no hay discusión posible... No se pueden cambiar mediante argumentos... No he salido de ellos mediante ninguna filosofía, sino gracias a una necesidad imperiosa de acción. B. Russell.

La plena y libre experiencia y expresión de todos nuestros sentimientos es necesaria para la paz personal y para unas relaciones realmente significativas. J. Powell.

Una percepción origina unas reacciones emocionales, y la reacción emocional colorea y deforma ulteriores percepciones. J. Powell.

El odio, los celos, la cólera, son nocivos... Destruyen nuestro bienestar mental... Hay más temor, una mayor inhibición e indecisión, una sensación de inseguridad. Dalai Lama.

La naturaleza toda es un ciclo de estados de ánimo y yo soy parte de la naturaleza, y así como la marea, subirán mis estados de ánimo; mis estados de ánimo bajarán... El gozo de ayer se convertirá en la tristeza de hoy; sin embargo la tristeza de hoy pasará a ser el gozo de mañana. Og Mandino.

Cuando estamos enfadados la ira es nuestro auténtico ser. Suprimirla o rechazarla es suprimir o rechazarnos a nosotros mismos... Practicando una vida de concentración y plantando simientes nuevas, limpias y saludables, éstas cuidarán de nuestra ira y podremos transformarla sin ni siquiera tener que preguntarnos cómo hacerlo... Tal vez sea el momento de salir un rato a pasear y a meditar. Thich Nath Hanh.

Si no desatamos nuestras ataduras cuando se forman, éstas se fortalecen e intensifican... Entramos en contacto con nuestra respiración, seguimos sonriendo y decimos: “Hola, Miedo. Aquí estamos de nuevo”. Thich Nath Hanh.

Tales emociones escondidas pueden terminar en una tensión crónica, que resulta mucho más frustrante porque, a menudo, la persona no está segura de por qué se siente tensa. A. Howard.

Muchos de nosotros nos comportamos como robots, con reacciones emocionales y comportamientos aprendidos que empiezan a funcionar cuando alguien aprieta el botón apropiado. A. Howard.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Buen chico

Uno de los prejuicios más fastidiosos sobre mi persona ha sido el de etiquetarme bajo el rótulo de buen chico . Así, a palo seco y sin matices. Como se te tilda de orejudo o patizambo. En todos los apelativos hay algo despersonalizador, una sentencia que te define de un plumazo despiadado, atrapándote en su simplismo. A los demás les sirve como versión simplificada de lo que eres; para ti constituye un manual de instrucciones del destino. Reza una máxima atribuida a César: «Es imposible no terminar siendo como los otros creen que uno es». Todos los rótulos son insidiosos, pero el de la bondad resulta especialmente problemático. Colgarte ese sambenito es el pasaporte directo al desprecio. En primer lugar, porque el buenazo , en su formulación tradicional, equivale a una mezcla de timorato y bobo. En segundo, porque alguien con fama de bondadoso es inevitablemente incómodo: no deja de recordar a los demás que no lo son. Y, en tercer lugar, porque los buenos chicos suelen ser infinitamen...

Gato por liebre

En la feria de las interacciones sociales, podemos permitirnos ser benévolos, pero no ingenuos. La inocencia es una pulcritud que conviene ir embarrando, mientras dejamos que nos curta la experiencia. La sagacidad nos da la ocasión de probar a ser magnánimos con fundamento, no por ignorancia. Tampoco se trata de parapetarnos tras una suspicacia despectiva o cínica, pero resultaría cándido olvidar que, como canta Pedro Guerra, «lo que hay no es siempre lo que es, y lo que es no siempre es lo que ves». En general, podemos contar con que todo el mundo intenta sacar el máximo partido posible al mínimo precio. Incluso cuando no es así, es así. El solidario siembra semillas de una colaboración que espera que se le dispense cuando la necesite. El filántropo apacigua la conciencia o gana en prestigio. El altruismo se nutre de la expectativa. Todos esos pactos son buenos cuando son honrados, porque hacen la vida mejor para todos, que es de lo que se trata. Pero no dejan de ser pactos. Y en su m...

Insidiosa complejidad

La vida hoy día se desintegra en un engrudo de complejidad. El mundo que nos ha tocado es intrincado de por sí, sobrecargado de estímulos y requerimientos, pero hemos interiorizado esa ansia de lo complejo y la hemos convertido en forma de vida mediante la hiperactividad. Tenemos que hacer muchas cosas, no podemos detenernos, hay que aprovechar cada instante so pena de empobrecer el propio ser ; porque en nuestro tiempo ser es ante todo hacer, cerciorarse de que no hay instante improductivo. Solo «vive» quien se entrega a una actividad frenética que llene todos los huecos (en una especie de horror vacui funcional) de una sustancia efímera y frágil, fácilmente desechable, para poder perseguir una nueva experiencia. Esto explica que la rebeldía, actualmente, se exprese como reivindicación de la inutilidad, como hace Nuccio Ordine en su obrita La utilidad de lo inútil.   La dispersión de nuestra era viene vinculada a otros fenómenos, que teóricos como Z. Bauman han descrito con deta...

1984 posmoderno

Esa posmodernidad que se jactaba de haber desmantelado los grandes relatos, liberándonos de su larga sombra, ha hecho poco más que volar todas las certidumbres, sin dejar a cambio, al menos, alguna propuesta de brújula o de mapa. Su minucioso vendaval nos ha reducido a la condición de náufragos, chapoteando en un océano sin horizonte, a merced de piratas y de extravagantes ínsulas Baratarias. Entre todos asesinamos a César. Como enardecidas brigadas de demolición, ardientes conjurados, las muchedumbres del siglo nos hemos lanzado en tromba a despedazar uno a uno los sillares de esos monumentos formidables, esos templos colosales, que fueron las viejas ideas heredadas de los tiempos que aún tenían pasado y futuro. Libertad, igualdad, fraternidad, cielos o infiernos, reliquias o utopías, los conceptos sagrados de todo signo saltaron en pedazos como bastillas ideológicas y carcomidos muros.  Entusiastas renegados, invocamos la gloria de la deconstrucción. Amalgamados en una masa hom...

De creencias y descreimientos

Las convicciones y las creencias rigen nuestra vida, y vivencias tan asombrosas como el enamoramiento o la fe religiosa pueden marcar la frontera entre la felicidad o la desgracia. Dediquémosles algunas reflexiones. En el enamoramiento, como en la fe o en cualquier otra devoción, el momento decisivo es la entrega , el pasaje de adhesión a pesar de la ambigüedad, la incertidumbre e incluso los impedimentos (o quizá precisamente como reacción a todo ello). La convicción de una creencia no se basa en las pruebas ni en los razonamientos, sino en una afirmación directa, una toma de partido ciega y concluyente, a partir de los afectos placenteros que inspira una inclinación emocional. Es el triunfo irracional y ferviente de lo afirmativo, el empeño gratamente obstinado en dar forma al material fangoso y escurridizo de la realidad.  El creyente (el enamorado es un creyente) enfoca su voluntad y la vierte en una decisión, trocada en convicción por la misma fuerza de su entrega. Aquí cobra ...