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Mostrando entradas de febrero, 2026

De la subjetividad de los valores

Por mucho que los objetivistas critiquen las contradicciones del subjetivismo de los valores, todos ellos incurren en la inconsistencia de Platón: atribuyen a las cosas una dimensión metafísica y convierten en metafísica la relación de las personas con las cosas. Eso las vacía de contenido: cuando se estipula que el bien es un valor universal e independiente, una especie de entelequia que sobrevuela el mundo material, se está vaporizando el bien, se le está descorporeizando en un ente abstracto imposible de descifrar. Porque el bien no es un qué, sino más bien un cómo, y además un cómo establecido en relación con algo bueno, o sea, un cómo acerca de un porqué.  Por ejemplo, la compasión es buena, pero solo cuando se ancla en la vida y se encarna en individuos y situaciones reales, solo porque un individuo concreto siente una empatía solidaria hacia otro individuo concreto . El hombre bueno ayudará al otro, puesto que lo necesita, y será bueno en la medida en que lo ayuda, será bu...

Elogio de la cortesía

Cortesía es desearle los buenos días al vecino que nos molesta con su música o nos quita el ascensor cuando tenemos más prisa. Cortesía es apartarse para dejar pasar a quien viene ocupando la acera, porque lleva un cochecito de bebé o porque son dos ancianas renegando del mal tiempo. Cortesía es dejar sin respuesta el mensaje intempestivo que nos envía al móvil un fanático, en lugar de mandarlo a hacer gárgaras, porque sabemos que en el fondo no es mala persona.  Cortesía es dejar pasar, en la cola del súper, a un señor que solo lleva un par de cosas, y transigir con el chasco de que ni siquiera nos dé las gracias. Cortesía es no interrumpir a quien habla, aunque nos moleste lo que habla y hasta el mero hecho de que hable. Cortesía es aguantar con paciente estoicismo el llanto del pequeño que no nos deja dormir en el avión, porque sabemos que otros aguantaron al nuestro. Ceder el asiento en el autobús al que entra con muletas. Pedir con buenas palabras que tenga cuidado al que nos...

Confianza

La confianza implica la expectativa de que el otro se comportará como amigo o, al menos, no se conducirá con nosotros como enemigo. Proyecta en la otredad una dimensión benévola, prolongándola como presunción al futuro, es decir, atribuyéndole una condición estable. Esta idea de estabilidad es crucial, ya que nos permite contar con una cierta previsibilidad tranquilizadora en el inquietante caos del mundo. Y es, a la vez, lo que hace la confianza problemática, tanto para el que confía como para el que es investido de esa cualidad.  Por parte del primero, la confianza implica una apuesta, una entrega a cierto grado de probabilidad que, sin embargo, no conlleva garantía. Es, por tanto, una decisión íntima basada en la imaginación. Conlleva el riesgo de verse defraudada; más que riesgo: una alta probabilidad, puesto que la naturaleza humana es inconsistente y volátil. Sin embargo, la necesitamos: no podemos vivir en una perpetua prevención. Y por eso no dejamos de persistir en ella, ...